Esperando el Tsunami – por CPH DOX
Oct.24, 2011
Vincent Moon, quien ganó el Premio Sound & Vision en 2009 con su obra maestra ‘La Faute des Fleurs’, está de vuelta con lo que él llama su mejor película. No es dificil darle la razón. “Esperando el tsunami’ es una embriagante pieza de imagen y sonido disfrazada de road movie. Alejandra y Luis, los dos músicos jóvenes del dúo Suramericano Lulacruza, viajan a través de Colombia para tomar el néctar musical del país y lo transforman en sesiones de trance musical casi chamánico -evocando a los primeros días de Animal Collective. Lulacruza es seguida de cerca por Moon con su cámara sensual y su sensible musicalidad, características que lo convierten en algo único en el mundo del cine de hoy. Vincent, el hipster vagabundo que se encargó por cuenta propia de reinventar al video musical como una forma de arte, está haciendo lo mismo con el documental musical. Sin embargo, “Esperando el tsunami” excede la definición de su propio género, con sus primeros planos de los más pequeños detalles de la naturaleza que abren poco a poco la película hasta convertirse en una hermosisíma historia de amor de realismo mágico. No hay duda: Vincent Moon lo ha hecho de nuevo.
Octubre 2011 – CPH DOX
Circular Tejido en Rolling Stone Argentina
Sep.06, 2011
Huaynos electrónicos
Se dieron a conocer en 2006 con Do Pretty!, un bello álbum con el que anunciaron que estábamos frente a uno de los sonidos nuevos más originales de América Latina. Y después de otros dos discos, este flamante EP, Circular Tejido, confirma que el dúo Colombo-Argentino Lulacruza trae sorpresas para el futuro. En su nueva aventura hay predilección por las sonoridades Andinas y las cuerdas priman por encima de los tambores, como sucede con “Montañita” y “Simple Reflejo”, cortes que nos llevan a pensar en el vilipendiado huayno, ritmo indígena presente en Perú, Bolivia y el noreste Argentino. La base electrónica es persistente, hipnotiza, fluye sosegada y da lugar para que allí se cuelen, sin artificio, armonías primitivas y al mismo tiempo, algo de experimentación digital. Breve y contundente, Circular Tejido funciona como una metáfora de la sencillez en estos tiempos de ruido y de velocidad extrema. Dése un respiro y disfrute!
Por Luis Daniel Vega, Agosto 2011
Circular Tejido en el Club del Disco
Mar.02, 2011
Nueva y original entrega sonora de Lulacruza, con su fuerza naturalista y audio perfecto, de tradición latina y perfil global. Las canciones son aquí un verdadero tejido envolvente, dulce y enigmático. Al mismo tiempo que en el resto del mundo sale su tercer disco, pero sólo aquí en formato físico.
El dúo argento-colombiano de música electrónica artesanal Lulacruza acaba de publicar un nuevo trabajo, otra vez en simultáneo en algunos países del mundo. En Europa, Estados Unidosy Japón se consigue sólo en formato digital, editado por el exquisito netlabel nipón Nature Bliss. Circular tejido es el nombre y ya se consigue acá en formato CD como un EP de 4 temas, pero en total alcanza una duración de 28 minutos, y refleja todo el sonido mixturado, moderno y sutil de Lulacruza. En la propuesta del grupo se dan desde siempre un sinfín de cruces y hallazgos, espacios recónditos donde conviven lo ancestral y lo digital en igual importancia, con lo universal y lo local.
Aquí exponene una musicalidad de temporalidad media y subiendo, hasta ser a veces casi bailable, y con carácter intimista pero con un beat atrapante. Sin estructuras formales, manejan con precisión los elementos más inquietantes y valiosos del lenguaje de la música electrónica, corriendo los límites desde la canción. La encantadora voz de Alejandra Ortiz se abre en elevados giros, a su vez bien anclada en la tierra; en algunos casos esa voz cantante es utilizada apenas como un instrumento más entre las capas del tejido. La instrumentación suma charango, cuatro, percusiones, flautas, theremin, coros, más todo el trabajo de programaciones y sintetizadores que con buen gusto y calidad en el audio, desarrolla el productor Luis Maurette. No hay que obviar las texturas, ni las variaciones en el ritmo, ni el profundo juego melódico, en los que toman riesgos desde la libertad creativa. Por esto y otras cualidades es muy dificil clasificarlos en un género o etiqueta de referencia; los han tildado de experimentales, world music, folklore urbano, down tempo, etc. Pero en definitiva es música actual, independiente en todo sentido, muy bien hecha, con todo el condimento especial de la tradición latinoamericana y sensualidad ancestrales en el presente. La tapa del disco es obra de la artista argentina Paula Duró. Disfrutemos entonces sin prejuicios de Circular tejido, un hermoso EP conceptual, completo e infinito como todo buen círculo.
Revista Semana (Bogotá, Colombia) – Juan Carlos Garay
Apr.11, 2009
Dicen que una vez el compositor Paul Dukas caminaba por el bosque con uno de sus alumnos, cuando el canto de unos pájaros robó toda su atención. “Escúchelos”, le dijo, “ellos son los grandes maestros”. Hoy no es usual que un músico prefiera la imitación de la naturaleza a la composición más formal, pero de vez en cuando aparecen trabajos en que las melodías se entremezclan exquisitamente con silbos de viento, cantos de agua y, por supuesto, pájaros.
Cuando salió el primer disco del dúo Lulacruza a mediados de 2006, un inspirado reseñista argentino lo definió como “texturas acuáticas, plegarias hipnóticas y paisajes contemplativos”. Acá, entre tanto, teníamos que contentarnos con un par de canciones que podían bajarse de Internet e imaginar el resto del álbum. Era una joya imposible de conseguir, a pesar de que la cantante es colombiana y de que parte de la grabación se llevó a cabo en las playas de Ladrilleros y el valle de Sibundoy.
Pero en las últimas semanas se han reivindicado. No sólo hicieron arreglos para distribuir localmente ese primer disco, sino que lo empataron con el lanzamiento del segundo, permitiéndonos en un solo atisbo contemplar una carrera de cuatro años de ejercicio sonoro. Tal vez las carátulas nos brindan más información de lo aparente: en el primer álbum vemos la fotografía casi abstracta del borde de una hoja; en el segundo hay una selva completa diseñada por el pintor indígena Benjamín Jacanamijoy. Es una perfecta alegoría de su sonido, que se ha hecho más denso pero también más vital.
“Nos gusta la plasticidad del sonido”, explica la cantante Alejandra Ortiz, “que no tenga uno que reconocer una melodía y seguirla, sino que cada vez que oiga note cosas diferentes. Y cuando estábamos buscando una imagen para el nuevo disco, como era una cosa de texturas y de colores y de paisajes, se nos ocurrió lo de Benjamín”. La otra mitad del dúo, el músico electrónico Luis Maurette, está en Buenos Aires pero Alejandra habla por ambos, contesta las preguntas en plural, se nota que están musicalmente conectados desde hace tiempo.
El nuevo disco se llama Soloina en honor a una deidad de la luna, y las sesiones de grabación se llevaron a cabo en una especie de trance inducido por la música misma: tambores, cascabeles, cantos que parecen ancestrales pero que en realidad fueron improvisados, iban siendo procesados por Luis en su computador a tiempo que agregaba efectos de eco, registros de lluvias selváticas… y, una vez más, pájaros.
La grabación les tomó apenas tres días, pero es el resultado de años buscando un lenguaje que conecte al oyente con un sentido primigenio del sonido y con un tiempo en que, como dice Alejandra, “la música existía por razones distintas al entretenimiento”.
Sin pretenderlo, la aparición simultánea de estos dos discos nos ha ofrecido un retrato completo de un grupo inusual: electrónico pero no futurista, sino más bien estudioso de los ritos milenarios construidos alrededor del sonido, rayando en la musicoterapia y el chamanismo, convencido de que ciertas frecuencias tienen propiedades sanadoras. Y con una evidente evolución en un tiempo relativamente breve: “En el primer disco cada canción era artesanal, la hacíamos juntando músicas de aquí y de allá, como manufacturando el sonido. Ya para este segundo disco llevábamos tres años tocando en vivo y simplemente queríamos que fuera algo fluido, queríamos tocar y no pensar”.
La Mano (Buenos Aires, Argentina) – Marcelo Montolivo
Feb.01, 2009
Folklore Digital.
Una Colombiana y un Argentino, al frente de una de as sorpresas musicales del momento. Recomendación y palabrade Marcelo Montolivo, navegador incansable de Myspace si los hay.
“Cuando escribía poesía o cuentos firmaba como Lula, y al conocer a Luis el nombre de nuestro proyecto artístico se transformó en Lulacruza” Quien aclara es Alejandra Ortiz, colombiana, y se refiere a Luis Maurette, argentino, ambos integrantes del dúo Lulacruza, una de las grandes sorpresas musicales del momento quienes por ahora forman parte del underground de varias partes del globo.
“Nos conocimos estudiando en la Berklee de Boston. Ambos estábamos interesados en organizar sonidos de la computadora siguiendo algoritmos de la naturaleza, y si bien Luis trabajaba en la escene electrónica experimental y yo venía de cantar jazz y música brasilera, encontramos un punto de unión fuerte.”
Con el aditamento de una profunda raíz folklórica sudamericana, el dúo crea un sonido absolutamente original, hipnótico y misterioso, que podría definirse como ambient tribal, y remite tanto a los orígenes de la música humana como al futurismo más visionario.
Están instalados en California, y desde allí organizan sus constantes giras. “Al terminar la universidad surgieron oportundades en Estados Unidos y nos quedamos allá. De todos modos, tenemos la suerte de volver seguido a nuestros países y echamos raíces en varias tierras”.
Debutaron, discográficamente con Do Pretty! (del 2006), volcado a la canción folklórica electrónica y acaban de estrenar el sorprendente Soloina, un paseo por climas y situaciones ingrávidas, pleno de texturas irreales, grabado con la colaboración de MJ Greenmountain. “Es el resultado de un fluir. Nace de improvisaciones que luego editamos. Invitamos a MJ, un cantante y percusionista increíble, especialista en música de Nigeria, Tanzania y Marruecos. Tocar con él es como un ritual y las sesiones parecían llenarse de espíritus”. En vivo, recrean los temas transformándolos: “No sentimos que las canciones hayan quedado estáticas en los discos, así que van mutando todo el tiempo. Utilizamos computadoras e instrumentos acústicos. Cuando tenemos algún invitado jamás toca partes preestablecidas”.
Puestos a buscar algún tipo de similitud, podríamos decir que el sonido tiene ciertos puntos de contacto con Animal Collective, el español El Guincho o el Caetano Veloso de Araca Azul pero, garantizado, ingresar en los surcos de Soloina es una experiencia única y enriquecedora, que merece ser vivida.


